Al igual que cualquier injerto, los injertos cutáneos requieren un lecho con una vascularización correcta para poder sobrevivir. Sólo sobreviven los autoinjertos de piel. Se distinguen los injertos cutáneos de espesor delgado y de espesor total, que se distinguen sobre todo por su modo de extracción, por la localización y por el modo de cobertura de su zona donante, por su superficie, su retracción, su aspecto y su troficidad. Los injertos cutáneos de espesor delgado pueden utilizarse como tiras íntegras o mallados. En cuanto a los injertos en pastillas y a los injertos compuestos, sus indicaciones son muy específicas.