Pies y quemaduras - 15/12/25
Resumen |
Aunque a veces está protegido, el pie puede verse gravemente afectado por quemaduras térmicas, eléctricas, químicas o, más raramente, radiológicas. La gravedad de la afección se ve amplificada por el impacto inmediato sobre la marcha y el calzado, así como por las posibles secuelas a largo plazo. La profundidad de las quemaduras, de primer a tercer grado o incluso carbonización, determina su manejo. Las quemaduras superficiales se curan espontáneamente, mientras que las profundas requieren escisión quirúrgica seguida de injerto de piel. Los procedimientos de urgencia, como las incisiones de descarga, son a veces esenciales para evitar complicaciones vasculares graves. En casos extremos, puede ser necesaria la amputación. La piel plantar, gruesa y poco elástica, es más resistente pero también más compleja de reconstruir. La piel dorsal, fina y frágil, suele verse más gravemente afectada por las quemaduras, con riesgo de retracción cicatricial y secuelas articulares. El uso de sustitutos dérmicos y colgajos puede mejorar los resultados funcionales y estéticos. Los cuidados posteriores incluyen rehabilitación, dispositivos ortopédicos, tratamiento de cicatrices, presoterapia y, a veces, tratamientos termales. Las secuelas incluyen bridas, hiperqueratosis, distrofias ungueales, dolor neuropático y deformaciones óseas. Los pacientes de riesgo, como los diabéticos o los que padecen arteritis, sufren mayores complicaciones y un peor pronóstico de la cicatrización. En los niños, las quemaduras en los pies son graves por el riesgo de deformaciones durante el crecimiento. Un tratamiento especializado y prolongado es esencial para limitar las secuelas funcionales. Las quemaduras del pie requieren un enfoque individualizado, multidisciplinario y prolongado para optimizar la recuperación funcional y limitar las complicaciones.
El texto completo de este artículo está disponible en PDF.Palabras clave : Quemaduras, Secuelas de quemaduras, Injerto de piel, Pie, Colgajo
Esquema
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